Entre los materiales didácticos que las maestras utilizan para enseñar a sus alumnos se encuentra el juego del bingo. Éste no sólo actúa como motor de aprendizaje para los números y las matemáticas en general, sino que al mismo tiempo promueve una actividad grupal que genera compañerismo en un marco de integración y de respeto.
Durante el desarrollo del juego es necesario mantener silencio para prestar atención a los números que salen del bolillero. A partir de la apropiación de este juego, cada alumno maneja los tiempos de silencio y de charla con los otros estudiantes con quienes comparte la misma mesa, y también con los compañeros de las otras mesas.
Aprender a escuchar
Desde temprana edad los alumnos se pueden incorporar al sistema de este juego, ya que es a partir de conocer y reconocer los números del cartón que los estudiantes pueden compartir con otros la acción. Asimismo, el bingo propicia la coordinación entre quienes esperan escuchar el número que sale del bolillero y aquél que lo menciona, y la comprensión de que en este juego intelectual y de azar nunca se sabe de antemano el resultado final.
Aún cuando falta un sólo número por marcar, siempre alguien puede sorprender. Porque en este caso particular las bolillas seleccionadas al azar deciden quién resulta ganador. Además, es en el aprendizaje del bingo donde se ponen de manifiesto también el orden y la paciencia.