Al participar de un juego de bingo el aficionado vive un conjunto de emociones relacionadas con el desarrollo del juego que afectan estado anímico de una manera determinante. Las motivaciones que llevan al jugador a participar del entretenimiento, por lo general, se conjugan con un buen sentido de interacción social, reuniones con amigos y expectativa por la posibilidad de obtener un premio.
El estado de ánimo del jugador debe ser armónico, estable y sin grandes exaltaciones, para poder disfrutar de un encuentro social para que el sentido principal del evento se oriente a compartir un momento de diversión donde el buen clima y la suerte sean los protagonistas.
Un enojo pasajero
Al consultar al personal de atención al cliente de numerosos bingos, encontramos que siempre existen momentos donde las emociones ocupan un lugar importante en el transcurso del juego. La aparición de los bromistas que al gritar bingo falsamente rompen el clima de tensión y es una constante en todos los juegos de bingo.
Pero además de los bromistas, las personas que dan excesiva prioridad a las cábalas y amuletos, los amigos que se entretienen y se distraen al momento de controlar los números; también existen los aficionados que se enojan por las rachas de mala suerte y los giros del destino.
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